Jueves, 28 de octubre de 2004

Lentamente anochece
la tarde de un día que tuvo tu luz.
Desde mi acristalada atalaya
observo un enjambre de escurridizas personas
que como obstinadas babosas
dibujan a ciegas destellos de baba
sobre las calles desnudas sucias de presencias.
Huyen, se ocultan, son caracoles sin casa
que la vida tolera sólo para nosotros,
son meros figurantes, extras sin frase
en la película que tú y yo día a día soñamos,
apenas una línea de guión y una toma general,
su número importaría si alguien los contara,
son muchos pero no son nadie.
Anochece con desgana
un crepúsculo sin mérito
aburrido porque tu ausencia ya se llevó la luz.
Siempre donde yo estoy
queda el reflejo que me deja tu recuerdo,
sólo pensar en ti eternamente
me ayuda a sobrellevar tu ausencia,
me asomo a mi balcón
para comprobar que la vida exterior
es una conjetura, una mentira
habitada por seres cuya insignificancia
les excusa de conocer el dolor de sus vidas miserables,
su cerebro es incapaz siquiera de pensarse a sí mismo.
Añoro tu presencia habitando mi soledad
y justificando la diferencia,
si alguna vez yo fatigué las calles
tú me has hecho volar,
si alguna vez yo fui nadie
tú me has hecho nacer y descubrir la vida,
sembrar mi alma de diamantes y miles de mariposas
que aletean donde hubo un vacío,
existe una frontera en llamas
que con secreta pasión acuna nuestros besos
sobre un lecho de sueños
que son realidad pero fingimos soñar,
la verdadera ficción
es simular que somos gente normal,
caracoles sin casa que no tienen vida
sino tan sólo una sucia estela pegajosa
que no les permite abandonar el fango
que puebla su torpe mundo de papel pintado.
Ha anochecido mi pensamiento
para íntimo enamorado quedar contigo
compartiendo en secreto la sensual caricia
que al invocarte irreprimible se derrama.
Te llamo en silencio a fuerza de mirarte,
y en la oscuridad de un mundo vacío
surge tu presencia que ciega las estrellas
y las convierte en diminutos alfileres sin brillo
prendidos sobre un negro manto de sueños
extendido por los dioses para abrigar nuestros besos.
Se ha ido a dormir el mundo
y la noche se ha llevado en contenedores
a toda esa gente envidiosa
que suena y se empeña en vigilar
nuestro amor mereciendo desprecio.
Solos al fin en un mundo imaginario,
no es la oscuridad la que acentúa tu brillo,
sino que es el resplandor de tu vida
el que consigue que el mundo circundante
sea tan negro como las profundidades insondables
de un infinito firmamento
que existe sólo para que incansables lo exploremos
descubriendo matices que durarán siempre.
Astros, vidas, sueños, cielos,
sirven sólo por nosotros,
la creación entera se justifica
porque yo te quiero,
siglos de evolución humana
concluyen como un plan infinito
logrando nuestro amor
y olvidando la existencia de lo que no importa.
La historia ha muerto,
a partir de ahora se medirá el tiempo
con unidades de encuentro,
con momentos compartidos por nosotros
que juntos compondrán el universo.
El futuro se explica en nuestras vidas,
el amor se justifica en mis caricias,
la luz entera habita en tus pupilas.
Por: YAMBRA | Con la voz tomada | Comentarios (0) | Referencias (0)
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