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YAMBRA

Miércoles, 17 de noviembre de 2004

[Te lo digo a la cara]

MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES




El tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo ha condenado a España a pagar a una vecina de Valencia las cantidades de 3.844 € (daños morales) y 4.500 € (gastos procesales) como compensación por los daños sonoros recibidos durante los últimos años. La sentencia acusa al Ayuntamiento de Valencia de pasividad y tolerancia ante lo que podría traducirse como jaleo nocturno.
Me llaman la atención varios aspectos de esta noticia. El primero es que, aunque el tribunal de Estrasburgo sólo puede sancionar a la administración central española, el correctivo sin duda lo recibe la ciudad de Valencia, cuya provincia se coloca a la cabeza de España en materia de contaminación acústica y exceso de decibelios.
El segundo es que pleitear contra la administración es caro, largo e incierto. Si la brava ciudadana valenciana no hubiese ganado su demanda, el importe de los gastos ya realizados y que hubiese tenido que asumir ya superaba con creces el valor de la indemnización que después ha recibido.
El tercero es que la vida vale muy poco, menos de 4.000 € no compensan el estrés, la ansiedad, el disconfort y la merma de calidad de vida que sólo quienes han sufrido experiencias similares conocen en toda su amplitud.
El cuarto es que una entidad que formamos todos y que está concebida como órgano de representación de todos y para el mejor gobierno de todos se haya convertido en algo ajeno a nosotros que incluso puede llegar a oponérsenos en los tribunales. Alguien decía esta mañana que, ante esta sentencia, los ayuntamientos españoles pueden echarse a temblar. Es decir, como esa persona ha perfectamente ignorado, todos nosotros podemos echarnos a temblar, es nuestro dinero el que va a compensar esa gravísima incapacidad manifiesta para la solución de problemas.
El quinto y último aspecto tiene que ver con la desesperanza, con el desamparo que esta sentencia singular paradójicamente demuestra, con la casi imposibilidad que en la práctica existe para ir contra una administración que por ese precio va a pagar gustosamente las denuncias mientras sestea ahíta de ciclópea burocracia.
Más nos valdría a los ciudadanos corrientes amputarnos las orejas si es que quisiéramos conseguir algo, aunque sólo fuera para lucir un vendaje que podríamos elegantemente conjuntar con nuestra ropa de los domingos mientras sorteamos en nuestro paseo los restos mortales del botellón.

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