Viernes, 19 de noviembre de 2004
Amoratada cereza, bruñida cúpula
se yergue sobre mesopotámico zigurat.
La diosa Pubis,
la fiera dormida de ensortijados cabellos
se abre humedecida como hirviente cráter
sobre la roca enhiesta,
desliza su triangular esfinge
formando un nido, tálamo primigenio
donde acunar la miel sacrificada,
la ofrenda en fuego de la carne hambrienta.
Danza, inicia la diosa un rito de oscilaciones
acelerantes, abrasadoras, ávidas contracciones
encienden como latidos llamaradas de espuma
sobre la piel suavizada,
frota sin manos la víscera dura,
la carne hinchada que promete vidas
en placentero caos,
succiona como alcohólica tibieza
toda la fuerza de músculos concentrada
en un incubado orificio partido en dos
ribeteado de congestionadas arterias
que estallan como sonido un manantial de semilla
y se derrumban calientes pero sin fruto,
extrañamente vacía y como de arena
queda la viril tristeza,
derretida antorcha en sudor bañada
que ha derramado sobre el infinito lecho
un delicioso plantel de orquídeas de nata.
Por: YAMBRA | Con la voz tomada | Comentarios (0) | Referencias (0)
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CORREOS AQUÍ (pero sin salpicar) |