Sábado, 18 de diciembre de 2004

¡Qué atinada sucesión de primaveras!
Casi parece irreal tanta belleza,
y pienso, el corazón desbordado,
que me enamoré de un hada.
Un hada fugaz e imprevisible
que cuando el vacío estalla
vuelve y dibuja una rosa
del color de la esperanza,
que sacude mi mundo
y lo aleja de la muerte,
que huye apenas rozada
y deja flotando en el aire
un húmedo sabor de caricias
que yo, siempre solo, trato de imaginar.

Por: YAMBRA | Con la voz tomada | Comentarios (0) | Referencias (0)
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