Miércoles, 20 de abril de 2005

AUSENCIA INCOHERENCIA EN TIEMPO CERO
Escalando una garganta con los pies cortados,
con las rodillas deshechas del penitente
y su mirada febril y enajenada,
con un terrón de cal viva sobre la lengua
y una corona de espinas al frente,
en la ingle, lacerando
a puñaladas a Cristo crucificado.
Como un peregrino degollando voces
que remuerden la conciencia,
avanzado de espaldas
y sangrando por la boca,
con los ojos abiertos desde dentro
y las uñas arrancadas
en un relicario, sobre el pecho.
Masticando una oración recurrente
con la expresión amputada,
machacando los instantes
como huevos de paloma y cristales de Bohemia,
quemando el libro que he escrito
con el vello de mis cejas
y un cierto olor de tristeza,
un aire extinto de frontera
circundado de presagios afilados como lanzas,
como dientes renegridos de clavicordio
o teclas de computadora
vestidas de orín y chirriantes.
Hay un ave tan negra
que se ve en la noche más que la luna,
y no tiene alas, y no muere nunca,
y no tiene cuerpo ni pesa
ni vuela ni existe.
Te llevo conmigo por entre mis venas rotas,
huecas de ti pero llenas de nada,
y me duelen los hombros de arrastrar silencios,
me duele el alma de tenerte hincada
en esa llaga sucia que hay donde yo estaba,
y mi dolor lo sé como de lejos,
como sé tu dolor y mi nostalgia.
Ya no te llamo nunca,
ya no te nombro por los pasillos ni las ventanas,
ya no lavo tu ropa ni limpio tu casa,
porque aquí ya no viene nadie,
nadie me espera, ni me habla ni me toca,
y a lo mejor ya no existe la gente,
y a lo mejor todos están de tu parte,
porque ya no huele igual sin ti tu casa,
ya no huele a nada, porque mi náusea no cuenta,
porque ya no suena tu música
y el color de tus cuadros ha desaparecido
en la vorágine gris que me retuerce la nuca,
y no hay conversación que no repita,
no hay ayer que no remonte para invocarte,
para enjugar la soledad con la seda de tus labios,
para enjugar los llantos que me asaltan a raudales
y me olvidan cada vez más solo,
víctima acaso de una Navidad perpetua,
y a fuerza de mí
sé que me estoy volviendo loco,
o quizá me esté volviendo dios,
y todo el universo que he creado existe como yo
o acaso me supera y a veces me inventa
como a un dios fracasado
que se hastía de la divinidad,
que se duele a sí mismo
acunando su sagrada demencia
entre las plantas asesinadas
sin sol, sin agua y sin ti.
Todo el verde se ha dormido
sobre un lecho de ocres y crujientes agonías
que tu ausencia ha provocado,
tu ausencia y mi venganza
de que todo ha de morir conmigo,
la vida sin mí es inconcebible,
principio y final se confunden
en este acompasado lamento
que como doce voraces gusanos
me horada el cerebro con mandíbulas de orate
y tu imagen repetida en el vacío
que me estalla en la cabeza,
el mismo vacío que tensa mis cuerdas vocales
como un tigre herido y salvaje
que ruge maldiciones y blasfemias
que ni yo escucho, pues hablo siempre,
y lo que digo olvido,
y sé que todo mi tiempo es merecido
pues lo distinto a mí incomprende.

Por: YAMBRA | Con la voz tomada | Comentarios (2) | Referencias (0)
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"Te llevo conmigo por entre mis venas rotas,
huecas de ti pero llenas de nada"
Me encanta esa frase. Me toca la fibra, me encoge el gesto, pero me encanta.
Un beso.
Pickles, la bruja rural | 20-04-2005 20:27:08
Wolffo | 22-04-2005 01:12:48
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CORREOS AQUÍ (pero sin salpicar) |