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YAMBRA

Jueves, 28 de junio de 2007

[Te doy una canción]

FUGA




Un profesor le dijo una vez que pensar en la muerte le restaba tiempo a la vida. Él no respondió con nada distinto al esbozo de una media sonrisa que fue mucho más de evasión que de victoria, y es que ya por entonces era el mismo tipo denso, complejo, melancólico y retraído que el paso del tiempo ha ido tenazmente subrayando bajo su cabello prematuramente encanecido.

Complacido de su propia voz, en los labios del maestro sucedió el silencio al arcano desvelado, y, siquiera por un instante, se sintió un estagirita sin más apellido que ese gentilicio. Pero no lo era, y ni siquiera en ese instante lo fue, y sin embargo algunas cosas cambiaron para siempre en la vida de aquel chico tímido y distante.

La primera de ellas fue su percepción sobre los demás. Descubrió que el cristiano amor por el prójimo que desde siempre le habían inculcado no era en el fondo más que un ripio afortunado que había prendido en el alma de las gentes como un efervescente adagio del Superpop o del libanés Gibran Khalil Gibran. No se puede amar aquello que no admiras, y aquel sujeto medrador y posteriormente autoinvestido catedrático de seguridad vial no merecía por su cerebro más que unas migajas de atención y ni siquiera la saliva de una réplica.

La segunda fue su consideración sobre la psicología. ¿En qué manos estará, pensó, en qué clase de ente se ha convertido el ser humano si sentencias tan obtusas pueden llegar a convertirse en estandarte vital de un tiempo desaprovechado? ¡Qué simple es la felicidad, cuán lejos queda de la inteligencia, qué sencillo es transitar los caminos ya trazados! De nada valió la expulsión del Paraíso si del árbol de la ciencia no somos capaces de saborear sino la añoranza del fruto de la vida eterna.

La tercera supuso la constatación de que la realidad es compleja y cambiante, racional e irracional, caótica e ilimitada, y el ser humano apenas un insecto voluntarioso trazador de líneas que no la pueden cuadricular. La tensión entre opuestos no se resuelve en una hegeliana síntesis armónica plácida y superadora, sino que son el equilibrio dinámico, la lucha y la tensión constantes los que permiten la coexistencia de la vida y la muerte, lo blanco y lo negro, la noche y el día o el frío y el calor. No se entenderían jamás el uno sin el otro.

La cuarta y última de las consecuencias citadas hizo referencia al hecho concreto de que no volvería a enseñar sus poemas a cualquiera y que seguiría adorándolos a escondidas como un onanista narciso abierto a conocer el mundo gracias al sabor de una manzana.


Por: YAMBRA | Te doy una canción | Comentarios (1) | Referencias (0)
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Comentarios

No sé porqué, ni cómo, este post no llegó en su día a mi correo electrónico, como viene sucediendo desde el 22 de julio de 2005, cada vez que subes un artículo.
Me alegra de veras, porque hoy, que estaba un poco idiota, un poco más de lo normal, quiero decir, he podido disfrutarlo, aun sin poder escuchar el tema de Aute, que recuerdo.
Como muchas veces me pasa con tus textos, amigo Yambra, maestro, no estoy seguro de aprehender del todo el significado, o el objetivo, si lo hay, o lo que sea, pero quedo, sin embargo, prendado de la precisión de tu redacción, de la riqueza de tu vocabulario y de la inteligencia que destilan siempre tus artículos.
Al de hoy, para que lo aplauda le falta, creo, que lo hubiera leído en su día, y sabría a qué te estás refiriendo exactamente, porque hoy, pobre de mí, tonto de mí, solo lo sospecho.

En cualquier caso, amigo mío, recibe desde estas líneas apresuradas mi homenaje, mi cariño y mi admiración.

Un fuerte abrazo.

Wolffo | 16-11-2007 08:17:46

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