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YAMBRA

Miércoles, 21 de noviembre de 2007

[Te lo digo a la cara]

VIS ET HONOR



Con la insolente osadía y la sonrisa artera del tahur que sabe en su mano la mejor combinación de naipes de toda la partida, afirmo que la Parka suma ya un incierto número de días matándome por poderes. Y quede claro que no cito su nombre con la forzada intención de un ripio consonante de náuticas evocaciones mediterráneas, ni busco matrimonial unión ni metáfora de amor que pueda hacer a alguien pensar que el sufrimiento es menor si la muerte te mira de reojo, si apenas te roza de refilón o sólo te susurra desde lejos a través de personas interpuestas. Antes al contrario: tengo la sensación de que duele más la ausencia de vida en quienes permanecen, que en la nada y todo al tiempo en que se convierten aquéllos que migran a la memoria.

Pues que conmigo no puede, la Suerte me está reservando la agonía sutil venganza de asistir a la marcha de seres a los que amo para regodearse en el vacío inmenso que me paraliza con la precisión demoledora de un miembro amputado. Y puedo asegurar que nada hay más real que el dolor fantasma que se puede paliar con nada y que sólo se compensa con el tiempo dedicado a la memoria.

Hace un mes ya que se me murió como del rayo Juan Antonio Cebrián, con quien tanto admiraba y quería, y quien tan hueco y solo me ha dejado en estos poco más de treinta días. El gran Carlos Canales, los reflejos son cosa de sabios, le dedicó en su web la misma noche de la muerte el poema «Oh Capitán, mi Capitán» de Walt Whitman, y con fidelidad y amor fraterno mantiene hoy en el centro de su propileo la llama votiva del poema «Nada» de José Hierro. En mi inexistente modestia yo voy a hacerlo mejor, y para ello reclamo la voz de un dios para honrar como se merece la memoria de un redivivo rey de mirmidones que no se llamaba César.

Jorge Luis Borges. César.

Aquí, lo que dejaron los puñales.
Aquí esa pobre cosa, un hombre muerto
que se llamaba César. Le han abierto
cráteres en la carne los metales.

Aquí lo atroz, aquí la detenida
máquina usada ayer para la gloria,
para escribir y ejecutar la historia
y para el goce pleno de la vida.

Aquí también el otro, aquel prudente
emperador que declinó laureles,
que comandó batallas y bajeles

y que rigió el oriente y el poniente.
Aquí también el otro, el venidero
cuya gran sombra será el orbe entero.
Más allá de la hipérbole, más allá de la imposibilidad de que nadie sino César sea la cara A de la sombra en que habitamos, yo sé que soy mejor persona gracias a Juan Antonio Cebrián. Y se lo agradezco con una sonrisa sin dolor ni tristeza. No me los consiento: cuando el vacío sangra y la cicatriz se abre, el poder cauterizante de su palabra neutraliza desde mi oído la rabia que aún no asume que la vida es lo que es aun sin que lo queramos.



Si alguien no conoce (no procede hablar en tiempo pasado) a ese tipo encantado y feliz como una lombriz, no se me ocurre para él otro estado que la emoción hambrienta que supone descubrir por vez primera la feracidad ofrecida de su conocimiento, la fecundidad contagiosa de su amor por la vida y la historia, y la alegría y sin fin dicha de haber coincidido con él en el tiempo y el ciberespacio. En estos tiempos nauseabundos que corren en los que la comunicación basura e irrespetuosa nos viola sin posibilidad real de alternativa, él es capaz de tratar a sus oyentes como si fuesen inteligentes, dos veces sapiens dotados de cerebro y por él diferentes, y a fe mía que vale la pena ser humano por el orgullo de ser meramente su congénere.

Mi homenaje último no es ni fúnebre ni silencioso. Como sólo se mira a un héroe, quiero brindar con él porque nos sea dulce y favorable la Fortuna, y como descreídos y embriagados goliardos quiero corear a voz en grito los cantos de Beuren como preludio de mi admiración por él y de mi adoración entregada e infinita.



Fuerza y honor, amigo mío, y a mi señal, como decía ese inventado hispano extremeño propio del elenco de la Marvel, ira y fuego.

Por: YAMBRA | Te lo digo a la cara | Comentarios (2) | Referencias (1)
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Comentarios

La verdad, es terrible.
Mi chica y yo llevamos un par de años lamentando que sólo nos ilumine las noches del sábado y el domingo, porque escucharle es un acto alimenticio, sí pero también voraz.
Queremos más.
Y de tanto querer, nos hemos quedado con las ganas.
Yo levanto mi copa por él y, no siendo ni la mitad de brillante que tú eres, sólo se me ocurre decir: ¡gracias!
A ti por recordarlo así
A él, por ser.

Un abrazo, Yambra.

Wolffo | 22-11-2007 08:38:34

Wolfferas, sólo porque tú vengas vale la pena retomar el blog. Ojalá la pereza me conceda la tregua que necesito si la vida no me motiva lo suficiente.

Tengo el mp3 lleno de la voz del Cebri y de la de sus colaboradores. Puede parecer una exageración, pero aún me siento vacío.

Un abrazo muy fuerte, amigo, rey de mirmidones.

yambra | 22-11-2007 20:01:23

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